Su ejemplar expediente académico y laboral en la fiscalía del Estado había llamado la atención de las puertas del grupo de élite del servicio secreto nacional. El nombre real de Luca era Álex Palmer, un hombre de origen mallorquín, amante y defensor de su tierra natal, que un buen día decidió salir de su acogedora atmósfera para poder labrarse camino en lo que realmente le apasionaba, su profesión. Álex era jurista y criminólogo y su precisa y encomendable capacidad analítica y resolutiva no habían pasado desapercibidos, al menos para el Centro Nacional de Inteligencia. Aunque su trabajo absorbía parte de su tiempo de ocio, no le importaba, porque eso le convertía en la persona actual, alguien pasional, inteligente y altamente efectivo.
El proceso de reclutamiento en el servicio secreto no fue una tarea fácil. El ofrecimiento casi no voluntario no había dado tiempo a su viva mente para procesar el drástico cambio. Sus estudios en criminología, su experiencia y sus habilidades le habían llevado a escalar un rango que no estaba dispuesto para todos los mortales juristas. Él era el experto en procesar los colectivos más peligrosos del país, aquellos grupos que no existían para la visión de todos los presentes terrenales, aquellos que se movían como espectros, que se escondían en la sombra para cometer sus delitos sin dejar prueba alguna. Pero su radio de acción se posicionaba entre las bambalinas, entre procesos de reclutamiento de apologías técnicas y procesales y códigos binarios que ocultaban tramas poco discernidas. Y ahora su nivel le había cambiado en el tablero, situándolo delante del telón, en primera fila, siendo el protagonista de la obra titular, con una gran carga de responsabilidad por la nación, por las personas y por su propia vida, ¿habría alguna cosa más excitante?
El reto conquistable y envidiable que le habían ofrecido o casi obligado, le llevaba a proyectar y reprogramar toda su vida familiar y social. Situarse a la cabeza del servicio secreto le encaminaba a convertirse en un auténtico desconocido. La integridad y lealtad y todas las cláusulas subscritas en su contrato le forzaban a romper todos y cada uno de los lazos profundos que le unían con todo su alrededor, esta decisión fue la más complicada y cruel de sobrellevar.