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8 de diciembre de 2025 por
Página 8
Raquel Ortiz Bolfán

Después de un largo recorrido, los dos se situaban en la Piazza del Popolo. La plaza del pueblo había sido considerada la puerta de entrada de la gran Roma hasta la construcción de la Estación Termini. Posteriormente a su levantamiento había perdido intensidad, dejando de ser aquello que tanto la caracterizaba. La inmensidad y la imponencia de sus iglesias gemelas y de Santa Maria del Popolo la convertían en un lugar de fábula, donde todas sus historias cobraban vida propia, su obelisco en medio como un gran carabinieri en observación daba fe de ello. Todas sus leyendas ocultas quedaban resguardadas en el silencio del recuerdo, soltando sus melodías para ser cantadas por sus propios habitantes. Ellos se sentaron en la terraza del bar-restaurante Canova, donde se sirvieron de unos capuchinos con unos cornettis.

  • ¡Esto es impresionante Luca! –Le insinuó Mika con un brillo especial.
  • Sabía que te gustaría, por eso te he traído aquí. Pero sabes que nuestra visita no es de placer sino laboral.
  • ¡No seas aguafiestas! –Le respondió un poco molesta.
  • Me sorprende que te comportes así, normalmente no te dejas influenciar por nada.
  • Lo se Luca, pero estar en Roma lo considero como estar en otra dimensión, no podemos desaprovecharlo, ¿no podríamos hacer las dos cosas?
  • No nos desviemos, cuanto antes consigamos nuestro objetivo, antes podremos dedicar parte de nuestro tiempo al ocio. Además esto sabes que es algo serio, nos jugamos mucho.
  • Gracias por comprenderme, al menos veo que eres un poco considerado.
  • De nada, pero debemos ser meticulosos, señora Torres.
  • Es cierto querido esposo.

Luca y Mika se habían convertido en una pareja de casados en sus primeros años de matrimonio. Sus nombres impresos en el expediente Madama, haciendo referencia al Palazzo Madama, cerca de la Piazza Navona, eran  Mónica y Alberto Torres, procedentes de la ciudad Condal. Las informaciones que les habían llegado auguraban que algo se cocía en Roma y que sería el punto neurálgico del inicio de todo. Una cosa era cierta, él había vuelto y esta vez dejaría su huella impresa.

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