Otra vez se encontraban en la sala de reuniones y como siempre las miradas les delataban, fueron los últimos en llegar y a Mika eso le exasperaba. En la ovalada mesa ya estaban todos preparados, Lay, Ricardo de operaciones y Carlos, de medios. Ella se colocó en su lugar rápidamente, intentando que su rostro no reflejara como se sentía en ese momento. Abrió el expediente igual que todos lo habían hecho y clavó su mirada en la de Luca, dándole la señal que necesitaba para que la entendiera. Él la observó intimidante, desafiante, hasta que ella apartó la vista para recoger el bolígrafo que se le había caído en el suelo. El ambiente era cálido en la sala, Lay tomó el mando del aire acondicionado y subió unos grados la temperatura e inmediatamente puso en marcha el proyector, sentándose junto a todos ellos sin articular palabra. La información irradiaba sin descanso, pero por asombro de todos, Lay no interrumpía como lo solía hacer en todas sus reuniones. En silencio, todos los asistentes pasaban páginas de los expedientes y realizaban sus propias anotaciones tal y como la información les llegaba. Después de una hora un poco densa, el proyector dejó de filmar y casi todos respiraron tranquilos. Lay dio paso al inicio del discurso, dando órdenes e informaciones concretas y precisas hacia todos ellos.
- Necesitaré que vosotros dos trabajéis más unidos que nunca. Debemos dar una resolución satisfactoria a todo esto. Estamos en el punto de mira. –Les aclaró dirigiéndose en exclusiva a Mika y Luca.
- Siempre trabajamos juntos. –Le respondió irónicamente Luca.
- Sí, pero vuestros movimientos deben fusionarse en solo uno. No debe fallar absolutamente nada.
- Podemos percibir la importancia, pero ¿tan vital es para que se tenga en cuenta nuestro comportamiento? –Replicó Mika.
- Ahora nos están evaluando, y están determinando la importancia del departamento. –Les confió Lay.
- ¿Van a prescindir de nosotros?
- Ya sabéis como está el departamento de presupuestos, los recortes van llegando a todas partes, incluidos a nosotros, que nos creíamos intocables.
- ¡Vaya, eso no me lo esperaba! –Exclamó Luca.
- ¡Así que no se hable más, todos a trabajar! Si es necesario os encerráis para que vuestros resultados sean mucho más efectivos que de costumbre.
- De acuerdo. –Dijeron los dos a la vez.
- ¡Y me mantenéis informado de todos vuestros movimientos. Quiero saber todo lo que hacéis! Con esto, damos por cerrada nuestra primera reunión. Volveremos a reunirnos en una semana.
Todos los asistentes marcharon excepto Mika y Luca, que se mantuvieron mirándose en silencio.