Le llevó diez minutos entender el correo electrónico que le envió su jefe Pelayo, coloquialmente llamado Lay entre los internos. En esta profesión los apodos y diminutivos eran más que habituales, casi una forma de vida. Estuvo revisando unas anotaciones de un expediente activo sin resolver mientras observaba a lo lejos a Mika. Su relación con ella rozaba lo estrictamente laboral, aunque tres años de batallas diarias le suponían haber asumido ciertos matices que otras personas no habían tenido la oportunidad de recibir.
Mika era una mujer extremadamente profesional, su rígida actitud la convertía en una persona difícil de olvidar. Rara vez no cumplía con sus obligaciones sin extremar las precauciones exigibles. Ella era quien le había proporcionado de los conocimientos para abordar algunos aspectos difíciles en el camino seguido, porque ahora formaban un equipo consolidado y compacto, una buena pareja. En toda la planta de la sede eran conocidos por los grandes logros que habían conseguido, eso les había otorgado de diversos privilegios y reconocimientos.
Luca siguió observándola porque su imagen mantenía una extraña apariencia distinta al resto de los días.
- ¿Me explicarás que tiene de nuevo este lunes para ti? –Le preguntó curiosamente esperando a que ella se dignara a responderle. Pero en vez de eso, cesó su actividad y desvió su rostro para mirarle y regalarle su mejor sonrisa irónica. – ¿Vas a seguir en silencio sin dejar salir una palabra? –Volvió a preguntarle con esperanza.
- ¿Y esa insistente curiosidad tuya? –Le respondió con una pregunta.
- ¡Venga Mika, no me respondas a la gallega!
- ¿Crees que lo hago intencionadamente? –Le sonrió.
- ¿Estás irónica eh? ¿Va a dignarse a responderme su señoría? Porque si no es así proclamaré el silencio absoluto.
- Jajaja, ¡qué tonto que eres! Hoy estás de un insistente….pero me sorprende que te hayas fijado en mí. Aun así no me ha pasado nada diferente que pueda evidenciar un cambio radical en mi persona.
- Pues por mucho que tú me digas…. –Susurró.
- ¿Has dicho alguna cosa Luca?
- Nada, nada, habrán sido suposiciones mías. –Le manifestó.
Unos segundos después el silencio invadió todo el despacho. Mika y Luca siguieron trabajando independientemente, sin cruzar ninguna palabra. El ambiente era extraño, excepto en momentos determinados en que las labores de cada uno requerían cierta independencia y concentración, sus funciones les mantenían colaborando constantemente.