Se adentraron en una sala acristalada donde tenían una visión general del local. Era la sala de seguridad privada, con 5 monitores que registraban todas las situaciones posibles dentro de su cobertura de acción. La persona que supervisaba todo puso sus manos sobre la mesa, donde un tablón que contenía toda una serie de botoneras y joysticks controlaba toda la maraña de luces, sonidos y cámaras del local.
- ¿Puedes visualizar esta cámara desde hace media hora? –Le preguntó Luca impaciente señalando la de la izquierda, una vez observado todo.
- Alessio, fai partire i video della sorveglianza della cinque. –Ordenó a su compañero.
Empezó a procesarse la grabación en la pantalla principal. Luca le pidió un poco más de velocidad en las imágenes, ya que el aseo era uno de los lugares más transitados del local y quería llegar al fondo de todo rápidamente.
- ¡Espera! –exigió con fuerza. –¡Ahí está ella! –Les informó señalándola con su dedo.
Todos se acercaron un poco más al monitor, escrutando cada segundo. Mika se mostraba un poco agraviada, parecía que en cada paso que daba su cuerpo no le respondía.
- La han drogado. –Afirmó Luca.
- ¿Estás seguro? –Le preguntó Ángela.
- Totalmente. –Contestó.
De pronto observaron como ella se detuvo en la pared sujetándose con sus manos como podía. En segundos, su cuerpo fue cayendo al suelo hasta perder todo el equilibrio, quedando totalmente inerte. No había nadie más en el pasillo, al menos durante esos instantes, después entró una joven que se acercó a ella intentando reanimarla. Apenas se le distinguía, solamente se veía su vestuario, ya que se situaba de espaldas a la cámara. Acercó su mano a la cara de Mika y le dio unos golpecitos para ver si respondía. Al ver su intento de reanimación fallido, acercó la mano a su bolso y sacó una ampolla que contenía un líquido, la destapó, se la acercó a la nariz y esperó hasta que ella reaccionara. Mika empezó a convulsionarse con pequeños movimientos, lo suficiente para poder hacer reaccionar su cuerpo. La joven se le acercó a su oído, susurrándole alguna cosa, mientras le ayudaba a levantarse. Las dos fueron hacia al final del pasillo, de espaldas a la cámara, donde se encontraba una puerta de seguridad, la joven la abrió y desaparecieron del lugar.