Ir al contenido

Página 17

8 de diciembre de 2025 por
Página 17
Raquel Ortiz Bolfán

Cruzaron todo el local, dirigiéndose a una puerta que se situaba escondida tras una de las barras del bar. Descendieron por las escaleras decoradas con unas pinturas abstractas, un poco extrañas bajo su humilde gusto al arte, que desembocaban en la parte subterránea del edificio. Su acompañante golpeó las dos puertas que seguían hasta el destino emitiendo unas claves en cada una de ellas, hasta situarlos en una habitación con un cuadro de mandos y unas 10 pantallas. Analizó la habitación, debía tener unos veinte metros cuadrados aproximadamente. Cruzaron toda la estancia hasta introducirlo en un pequeño despacho continuo compuesto de una mesa redonda donde le aconsejaron sentarse. Inmediatamente después, se abrió la puerta, entrando una atractiva mujer de cabello castaño y unos profundos ojos verdes.

  • ¡Buenos días, soy Ángela Rosignani, responsable de la Seguridad de la compañía! ¿A qué se debe su deliberada demanda? –Le espeto con su regia actitud.
  • Buenos días señora Rosignani, mi nombre es Luca Celini, trabajo para la Seguridad Nacional de España. –Le comunicó enseñándole su acreditación.
  • ¿Y cómo puede ayudar nuestra compañía a la Seguridad Nacional de su país? –Le preguntó examinando minuciosamente la acreditación.
  • Mi compañera y yo nos encontramos en Roma por una misión de origen clasificado. En nuestro tiempo de ocio, hemos venido a tomar unas copas a su concurrido local y por desgracia ella ha desaparecido aquí.
  • ¿Está seguro de esto? ¿No cree que pueda haber conocido a un caballero italiano y haberse marchado juntos? –Le contestó sarcásticamente sin perder su soberana compostura.
  • Sinceramente difiero mucho de su opinión, nosotros siempre estamos alerta, aunque nos encontremos fuera de nuestro horario laboral, estamos entrenados para los imprevistos sucesos. Pero no quiero perder el tiempo dándole explicaciones que quizá no entienda, ¡necesitaría revisar sus cámaras por favor!
  • Para poder realizar esa acción, señor Celini, necesitaría tener una orden por escrito. El contenido de nuestros materiales es también clasificado y no está sujeta a ningún tipo de exoneración, respecto a su divulgación. ¿Me imagino que lo entiende verdad?
  • Por supuesto, pero cada minuto es crucial para seguir la investigación y ella, aunque no pueda deducirlo a ciencia cierta, podría situarse en un grave peligro.
  • Usted mismo lo ha dicho, ¡no puede deducirlo, las conjeturas no son válidas! Por lo tanto no puedo entregar el contenido de nuestra labor a cualquier desconocido que nos presente su pretensión.
  • Bien, he intentado ser lo más amable posible. Si usted no va a ser tolerante con mi petición, al tratarse de Seguridad Nacional… quizá prefiera que mi país redacte con carácter de urgencia una petición a su país y como consecuencia, se cierre su local inminentemente. Eso significaría que durante lo que dure el proceso, no podría obtener ningún tipo de beneficios de su local, porque sería el foco de una prueba en el caso.
  • ¿No me da muchas opciones, verdad? –Le manifestó pensativa.
  • Tenemos dos posibles opciones. La primera sería que me ayudara a esclarecer rápidamente que le ha podido pasar a mi compañera, esto evitaría males mayores y podríamos obviar todos los protocolos que derivarían en el retraso de la localización de su paradero y en caso extremo, saber que peligra su vida, o la segunda opción, realizar todos los actos protocolarios que ya le he explicado anteriormente.
  • ¿A partir de qué hora quiere visualizar las cámaras? –Le preguntó resignada.
  • Sobre la una de la madrugada.

Ella lanzó una mirada a su subordinado, esa acción fue suficiente para comprender que él debía preparar el material. Posteriormente marchó rápidamente de la sala, indicándole con un gesto que le acompañara.

Página 16