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Página 16

8 de diciembre de 2025 por
Página 16
Raquel Ortiz Bolfán

Luca observó la pista una vez más, escrutando con su mirada todo el espacio visible del local, esperando poder localizar en algún lugar a su fiel compañera. Miró un poco agitado su reloj, comprobando que habían pasado más de quince minutos desde su partida. Empezaba a impacientarse, así que decidió acercarse al baño de mujeres y asegurarse que todo estuviera en orden. El reducido espacio del pasillo desembocaba en una «T» bien formada y en cuyas dos alas se encontraban ambos baños, el de señoras y el de caballeros. Él verificó que no había nadie esperando en la puerta ni tampoco ninguna persona deambulando por la zona colindante, eso le permitió poder  introducirse en él. Abrió la puerta con agilidad, cerrándola a su paso,  encontrando dos féminas acicalándose en el gran espejo de la entrada, quedándose atónitas al ver su presencia.

  • Mi scusi solo un attimo. –Les contestó inmediatamente, antes que pudieran decir alguna cosa indecente.

La estancia tenía 3 aseos en su interior, golpeó en cada una de sus puertas llamando a Mika, obteniendo la respuesta de otras mujeres que nada se asemejaban a la voz de su compañera. Se quedó inmóvil esperando a que cada una de ellas salieran del baño, tenía que comprobar en propia persona que ella no se encontraba en su interior, el simple timbre de voz no le parecía suficiente. Cada vez que se abría una puerta y aparecía otra mujer, su ánimo iba decayendo. Confirmadas sus sospechas y abatido por los resultados obtenidos, volvió al punto de partida. Preguntó a las personas que estaban alrededor si habían visto a una mujer de sus características, pero el veredicto encontrado no era el deseado, así que se sentó un momento para ordenar todos sus pensamientos y buscar alguna solución al respecto.

  • ¡Vamos a ver! –Se dijo materializando su consciencia. –Primero, nuestra entrada fue común, como dos personas corrientes nos ubicamos en un reservado, donde habían otras parejas y grupos de amigos. Segundo, nuestro estado mental se encontraba en plenas facultades, no estábamos ebrios y aunque era nuestra primera noche de ocio, habíamos sido entrenados para estar siempre en alerta. Tercero, estuvimos bailando en la pista como el resto de asistentes, pasando totalmente desapercibidos. Entonces, ¿qué pudo pasar en el recorrido realizado  entre la pista y el baño? ¿Logró llegar hasta él? Las incógnitas seguían creciendo del mismo modo que la incertidumbre, era una lluvia constante de interrogantes.

Sacó su móvil del bolsillo, confirmando que no había recibido ninguna llamada y tampoco tenía ningún mensaje. Aun así, necesitaba buscar una solución rápida, intuía que algo no muy bueno le había pasado a ella y si se encontraba en peligro, posiblemente necesitaría su ayuda. Empezó a impacientarse, tenía que resolver la situación sin tener que mostrar sus cartas, no podía montar una especie de redada si no tenía el convencimiento o la certeza de que algo le había pasado. ¿Cómo podría investigar pasando totalmente desapercibido? Debía reaccionar de manera precisa, cada minuto podía ser decisivo. Empezó a inspeccionar el local, observando que había varias cámaras situadas en lugares estratégicos. Tenía que conseguir poder ver su contenido, pero ¿cómo podría realizarlo?

La imagen de Mika en situación de un riesgo impensable solo hacía que bailar en su cabeza. Su situación no era la adecuada para poder procesar y actuar con inmediatez, pero no era una excusa que se podía permitir, era un agente y su preparación se ajustaba para combatir las medidas más imprevisibles. Sus manos estaban temblorosas, pero no debía permitir ni un ápice de flagilidad, así que cogió su billetero buscando una última carta, desplazándose hacia la puerta de la entrada del local, donde se situaba el guardia de seguridad.

  • ¡Necesito hablar con tu jefe de seguridad inmediatamente! –Le indicó acercándose a él. El corpulento hombre le miró con aire despreciable.
  • ¿Estás riéndote de mí? ¡Lárgate dentro si no quieres que tengamos problemas! –Le contestó severamente.
  • ¡Problemas y de los gordos puedes tener tú si no me pones en contacto inmediatamente con tu jefe de seguridad! ¡Y cuando digo inmediatamente es inmediatamente! –Le insistió agresivamente enseñándole su acreditación. Su actitud pareció surgir efecto, puesto que unos minutos más tarde, alguien vino a buscarle.
  • ¿Puede acompañarme, por favor? –Le indicó amablemente.

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