Como bien había prometido, después de los intensos días de trabajo, de las horas de espera y análisis que habían sufrido, Luca se había preocupado en buscar algún interesante lugar de ocio, para que sus mentes se desvanecieran de la inacabada y rígida misión. La recompensa había llegado, así que pensaba dedicar a su compañera con el esperado premio. Le propuso salir esa noche a dar un paseo por las fascinantes calles de Roma, para embrujarse de su carisma. Se aseguró de recogerla a una hora en concreto, después de haber cenado ligeramente esa noche en el hotel. Se puso sus jeans negros, una camiseta de cuello redondo de color gris y su fascinante cazadora de piel negra que tanto le gustaba. Dudó en el calzado, pero como lo había incorporado en la maleta, se decantó por sus sneakers de color rojo. Recogió de su neceser esa espuma milagrosa que dejaba su cabello sin movimiento pero natural y se pulverizó con el perfume de las ocasiones especiales. Sabía que no pasaría desapercibido bajo los atentos y escrutados ojos de Mika, pero esa noche resultaría ser diferente, se comportarían como el resto de los mortales. La salida suponía un incentivo que debían aprovechar, no era costumbre poder detener esa locura continua para centrarse solo en sus vidas, como dos personas singulares. Miró nervioso su reloj, eran las once menos cuarto, hora perfecta para recoger a Mika y mientras se dirigía a la salida, lo detuvo el sonido del teléfono de su habitación.
- Señor Torres, su taxi ha llegado. –Le informó el recepcionista del hotel.
- Perfecto, ahora mismo bajamos. –Le respondió educadamente.
Sus nudillos dieron varios golpes en la puerta de la habitación de Mika. Inmediatamente escuchó como se acercaban los pausados impactos de sus tacones sobre el pavimento de la habitación, hasta llegar a la puerta.
- ¿Preparada? –Le dijo bastante asombrado al verla. Mika llevaba puesto un vestido negro ajustado con escote cuadrado y unos zapatos con un tacón vertiginoso. Se había recogido su rubia melena y se había maquillado los labios de un rojo intenso.
- Por supuesto, ¿lo estás tú? –Le desafió guiñándole un ojo.
Él observó que a ella también le había sorprendido su aspecto. Excepto en las ocasiones que el protocolo de su trabajo les obligaba a introducirse en ambientes festivos, no acostumbraban a salir juntos. De hecho aunque su relación era exquisita, sus vidas eran independientes.
Luca ofreció el brazo a Mika al entrar en el ascensor, debían actuar como una pareja, así que ella accedió acercándose un poco más a su fibrado cuerpo. Al reflejarse en el espejo interior, pudieron comprobar que hacían una buena pareja.
- ¿No vas a contarme dónde me vas a llevar? –Le insinuó un poco acaramelada.
- ¡Inmediatamente lo podrás comprobar cielo! Hoy nos vamos a divertir como hace tiempo no lo hemos hecho.
- Por cierto, me encanta tu aroma. –Le confesó ella acercándose más a su cuerpo y dejando descansar la cabeza sobre su hombro.
Cuando llegaron a su destino, Mika observó que fuera del local, se concentraban algunos grupos charlando y tomando unas copas. Caminaron despacio, relajados, hasta traspasar el umbral de la entrada y situarse en su interior.