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Capítulo II

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8 de diciembre de 2025 por
Capítulo II
Raquel Ortiz Bolfán

La reunión predeterminada finalizó parcialmente al mediodía para que todos fueran a comer. Mika y Luca decidieron bajar al restaurante situado en frente de su edificio como siempre lo hacían, el resto se quedaron en la misma oficina. Aunque esa decisión les suponía tener que comer más rápido de lo habitual, escogieron poder despejar sus mentes antes que estar saboreando un plato semifrío entre las cuatro paredes del despacho.

Al ser asiduos en el restaurante, Javier ya los conocía lo suficiente para averiguar que con una mirada, comprendería que el servicio de ese día debía ser más rápido en ellos que en el resto de los clientes. Los ubicó en la misma mesa que siempre, un lugar apartado donde podían conversar libremente y no verse involucrados en los angustiosos diálogos de las vidas alienas. Los dos coincidieron en la ensalada de primero y difirieron en el segundo plato.

  • ¿Qué te ha parecido? –Preguntó Luca sin dejar de mirarla mientras se llevaba la copa de agua a sus labios.
  • Bueno creo que será uno de los trabajos más complicados de los que hemos tenido, ¿no crees? –Le respondió en la misma tesitura.
  • ¡Baja el hacha niña, yo soy de los buenos! –Le espetó con una sonrisa irónica.
  • ¡Qué yo sepa no tengo una arma encima!
  • ¡Joder Mika! ¿Por qué siempre estás a la defensiva? –Le contestó un poco molesto.
  • Es broma Luca, no me hagas caso, últimamente estoy un poco dispersa.
  • Yo diría mejor… un poco irascible.
  • Quizá, bueno no sé, pero supongo que ya se me pasará.
  • Cualquier cosa puedes contar conmigo, ¿lo sabes verdad? –Le confesó depositando su mano encima de la de ella para tranquilizarla.
  • Lo sé Luca y te lo agradezco de verdad, pero aunque nosotros estemos acostumbrados a arreglar las arrugas de los demás, a veces no existe la misma perspectiva en nuestras vidas. –Le declaró apartando su mano.
  • Por eso te lo decía. –Le advirtió con cariño.
  • Gracias. –Le contestó ella bruscamente. Luca comprendió que no debía remover más la conversación y miró rápidamente su reloj.
  • Incorporémonos antes de que nos echen de menos. –Le informó con una sonrisa cálida.

Se despidieron de Javier y salieron apresuradamente para agregarse otra vez, a la reunión que definiría los movimientos de su siguiente trabajo.

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