Abrazado a un cielo imaginario, sus ojos expresaban toda la verdad que no dejaba resurgir en su interior. No tenía miedo ante el mundo, así que seguía en su universo silenciado, esbozando sonrisas por doquier a uno y otro. Sus sueños estaban incompletos y aunque la llegada de la noche le recordaba quien era y donde se situaba, no perdía la esperanza. Su fortaleza le hacía seguir trazando dibujos abstractos de color sobre un lienzo negro, mostrando ángeles que rescataban y transportaban su alma en la lejanía, volando sobre su propio mundo.
Al despertar brotaba otra personalidad, la que lo mantenía distante e inflexible, como él quería y deseaba. Su frialdad medía todo su cuerpo con tal semejanza, que sus propias facciones fusionaban ese sentimiento en completa simbiosis.
Todas las mañanas la rutina le marcaba el paso del día, la ducha matutina le libraba de los rastros que dejaba el insomnio en su sombrío carácter. Su indumentaria se regía por la discreción, marcado por las exigencias de su entorno laboral. Así que en el resto de su apariencia, no dejaba ceder su parcela, quedando todo bajo su propio control. El cabello lo conservaba corto, con pulcra meticulosidad y la barba correctamente rasurada.
Antes de recoger su vehículo del aparcamiento, entraba en la cafetería para llevarse la ración de su café largo con leche. Mientras le preparaban la bebida en el recipiente adecuado, observaba a la empleada que le servía casi cada mañana, analizando su actitud. Su percepción no dejaba nunca descansar a su mente, como el objetivo de una cámara de fotos, manteniendo las imágenes de historias independientes acumularse en su ordenado y sistemático raciocinio.Empiece a escribir aquí...